jueves, 22 de octubre de 2015

DR. BERND MÜLLER UN HISTORIADOR EN LA CERVEZA DE URUGUAY

   Después de una larga negociación, se firmó el 8 de octubre de 1851 el acuerdo que ponía fin a la Guerra Grande, iniciada en 1839. En definitiva, más allá de las consecuencias económicas, políticas y estratégicas que el pacto generó, se buscó que el conflicto terminara “sin vencidos ni vencedores”
   En aquel Montevideo sitiado de 1846, en la comunidad alemana surgió la iniciativa de fundar varias instituciones sociales que los congregase. Entre quienes aportaron dinero en la campaña de recaudación de fondos, figura Johan Friedrich Francke, el primer fabricante de cerveza que hubo en nuestra ciudad.
   En esa colecta, Francke aportó 10 patacones, según un recibo donde luce escrito a mano en el dorso “brewer outsider the Cim”. Según la interpretación que se ha dado de esta expresión, daría una pista de donde tenía su fábrica, en los extramuros de Montevideo y cerca de un cementerio.
   El francés Pedro Pico en 1846 confeccionó un plano de la ciudad donde señaló la referencia de “cervezero” ubicado junto al cementerio Británico, donde comenzaba el camino de La Estanzuela, hoy Constituyente.
   En tanto no se conoce otra documentación que pruebe lo contrario, es legítimo pensar que estamos frente al primer cervecero de Uruguay, según lo documenta Bernd Müller en su libro “Cerveceros, Cervecerías y Porrones del Montevideo de Antaño” publicado en 1989. Es que no hay muchas fuentes sobre el tema donde recurrir.
   “Los grupos económicos en la industria cervecera uruguaya: una perspectiva histórica” de Raúl Jacob, egresado de historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias. Editado en junio del 2000 y reeditado on line en el 2012, es un documento de trabajo para la Unidad Multidisciplinaria - Programa de Población de Facultad de Ciencias Sociales, Udelar. Su autor en el resumen explica: “el objetivo de este artículo, de intentar reconstruir y analizar el papel de los grupos económicos en la evolución empresarial durante un período histórico, encuentra su explicación en la necesidad de tratar de esbozar una tipología que permita subrayar las líneas generales del proceso de financiación del desarrollo industrial”. Su interés y lo deja claro, no es el de identificar el origen del sector: “Las primeras cervecerías surgieron en Uruguay en la primera mitad del siglo XIX como consecuencia del desarrollo de la inmigración europea…No comenzaremos por el principio. Para nuestra finalidad el año en que se inició la fabricación de cerveza es un dato aleatorio.” Es un interesante trabajo, bien enfocado en la historia económica, de 34 páginas con varios cuadros ilustrativos y sostenidos por 87 notas bibliográficas.
   “La Historia de la Cerveza en Uruguay” de Armando Olveira es una obra de 240 páginas, en seis capítulos, con más de mil fotos y hasta con recetas de cocina. A mi entender el título es muy ambicioso y el contenido no está a su altura. Según lo consigna el portal Montevideo.com: “el autor del libro expresó que para él "fue un placer investigar la génesis de la cerveza en Uruguay". Al mismo tiempo, destacó que sin la existencia ni la trayectoria de Fábricas Nacionales de Cerveza, el material "no tendría tanta riqueza", y, refirmando ese concepto, Olveira puntualizó que "la historia de la cerveza en Uruguay, es, sin duda, la historia de FNC". Esta última afirmación es discutible de cualquier manera lo impreso tiene una cuidada y prolija edición en tapa dura. Lo que no entiendo es su elevado costo de venta al público, cuando hay mucho de propaganda hacia la empresa aludida.
    “Cerveceros, Cervecerías y Porrones del Montevideo de Antaño” de Bernd Müller fue escrito en 138 páginas, en un formato y calidad de papel sencillo, salió de imprenta en diciembre de 1989. Está agotado y al día hoy es un objeto intensamente buscado por coleccionistas y estudiosos; personalmente obtuve una copia del mismo en una librería de “las de viejo” a precio irrisorio, cosa muy rara, a pesar de su alta cuantía intrínseca. Con claridad puntualiza el principio de la fabricación y expendio de cerveza en el país, sin lugar a dudas, hay muchas horas de investigación. Hace un buen compendio y excediendo lo histórico contribuye además al mundo del coleccionismo, con su didáctica referencia hacia los envases de la primera época.
   De tal valor es la labor que muchos lo citan, un ejemplo: la atractiva y completa web: Colección de Botellas de Cerveza del Siglo XIX en la República Oriental del Uruguay, (ver http://www.porronesdecerveza.com.uy/1024/index.html). Sin embargo, a pesar de todo el ordenado aporte, poco se sabe de su autor.
   ¿Quién es? ¿Vive? ¿Dónde está? Los amigos Christian Broer y el Lic. Alvaro Mones, fueron de gran ayuda en mi interés para dar con su paradero. Estoy muy agradecido por su colaboración.
   Bernd Müller nació en 1944 en Alemania, es un profesor de secundaria e historiador además así contestó a otras cuestiones.
¿Cómo llega a nuestro país?
Vine en 1983 con toda mi familia, es decir mi esposa y 4 hijos (varones). El motivo era haber contraído con el Colegio Alemán de Montevideo un contrato de trabajo como profesor de alemán y de historia. Estuve hasta el año 1990.
¿Cuáles eran sus conocimientos de Uruguay?
Cuando llegué no sabía mucho pero me era sabido que Uruguay, en estos años se encontraba en una situación política muy delicada dado el hecho que había desde años una dictadura militar y fuerte represión. Conocí reportajes sobre el movimiento de los tupamaros y sus metas y métodos. Supe que entraría en un país en plenas turbulencias. Por ejemplo había de parte del colegio en el que trabajaría la norma de que a los profesores de la institución no era permitido vestirse de vaquero. No me parecía muy inteligente la regla pero como fue una orden del gobierno uruguayo me daba una impresión de la situación interno-política del país.
¿Cuál fue su actividad?
Mis actividades en el Uruguay eran en primera instancia - como es de comprender - profesar en el colegio enseñando alemán como lengua extranjera dentro del programa educativo del Estado uruguayo y también historia y alemán como lengua materna dentro del programa del estado federal de Alemania. Pero no me limité en estas actividades. Dentro del colegio fundé y dirigí un grupo de alumnos (ambos sexos) que presentaron obras de teatro (de Hildesheimer, Aristophanes, Kleist, Dürrenmatt, Brecht (La ópera de 2 centavos), Polgar, Friedell, Arrabal). En la Universidad Católica de Montevideo, además di varias conferencias sobre temas actuales o históricos de Alemania como los partidos políticos, la historia alemana desde la Segunda Guerra Mundial y otros. Al final de mi estadía en el paisito tuve la oportunidad de dar una conferencia en la Asociación Cultural Uruguayo-Germana sobre el tema de las cervecerías, cerveceros etc. de antaño en Montevideo y Uruguay y eso era el motivo de que la Asociación y el Colegio Alemán estuvieran dispuestos de fomentar la financiación de mi libro.
¿Fue fácil su adaptación?
La adaptación no me costó mucho. Lo que es fundamental es el dominio de la lengua y me apuré de entenderla aunque siempre con déficits. La gente de Uruguay y sobre todo mis colegas uruguayos del Colegio eran muy amistosos y reaccionaron dándose cuenta de mis esfuerzos. Esto me sorprendió mucho y me alivió la adaptación al ambiente uruguayo. En Alemania por lo menos de entonces eso no fue común que la gente frente a los extranjeros se mostrara tan amable y ayudante.
¿El porqué del libro?
Eso se explica muy fácil: en las tiendas de antigüedades y en la feria de domingo de Tristán Narvaja se me destacaron los porrones por sus formas, sus particularidades como son por ejemplo los sellos, figuras aplicadas etc. Pregunté a los vendedores pero ni uno sabía explicarme nada de la historia y del uso de esto porrones. Hasta en Salto conocí a un hotelero que tenía toda una colección de porrones que sabía algo más aunque no mucho. No obstante me daba la pista donde buscar: cervecerías. Me metí en la literatura que me fue alcanzable y disponible y estudié la historia industrial de Uruguay, la inmigración y algo más. También los folletos de memorias de estos uruguayos que tenían mucho de contar de sus vidas en los barrios y arrabales de Montevideo de los siglos de 19 y 20. Y de poco a poco se formó la imagen del tema dentro de mi imaginación. Además me adentré a diversos archivos locales como el de la ciudad de Montevideo, de la cervecería y otros más que son enumerados en la lista de las fuentes. Tuve el honor de conocer varias personas que se interesaban de mi trabajo y que me apoyaron en ese como el ya fallecido Rolf Nussbaum, el pintor Carlos Menck-Freire, la sra. Lilián Gelos de Vaz-Ferreira y otros que son mencionados en el agradecimiento inicial del libro. Al fin y al cabo, las investigaciones en el tema concluyeron en la necesidad de hacerme más familiar con la historia del país y los historiadores uruguayos como son Acevedo, Isidoro de María, Carlos Zum Felde, Castellanos, Milton Schinca en cuyos cursos de aquel entonces participé y otros. Simplemente: quería saber el porqué de estos envases tan raros que nunca había visto antes en Europa.
¿Colecciona porrones o similares?
Claro que coleccioné porrones en los mercados respectivos de Montevideo y Buenos Aires. Parte de mi colección está (re)presentada en el librito. Nada más.
Si tenemos en cuenta que Alemania tiene tradición más muchas marcas y tipos de cerveza ¿Cómo se sintió ante nuestra poca variedad y calidad media a baja de nuestras cervezas? Sinceramente, no soy tomador de cerveza. De vez en cuando tomo un vaso o botella, tomo vino con mucho más gusto. La poca variedad de la cerveza uruguaya no me molestó en ningún momento.
¿Qué tiene de bueno y de malo nuestro país?
 Lo que me gusta: la gente es amable, tolerante, cooperativa. El país es humilde, ecuánime y ponderado. No tiene grandes cumbres ni valles profundos, ni en su geografía ni en su historia.
¿De su trabajo profesional, realizó otras publicaciones sobre temas de su área?
Otras publicaciones que no tienen que ver con el tema de la cervecería: una tesis que se refiere a los colegios alemanes en el extranjero durante el siglo 19 y 20; una historia del Colegio Alemán de Montevideo, ensayos históricos sobre la Grecia antigua, un músico del siglo 19 y otros temas. Todo en alemán.
¿Cuál es su actividad hoy?
Soy jubilado, gozo mis años.
   Y lo tiene merecido. Cuando a la historia de la gastronomía de Uruguay le queda mucho por hacer, en la rama de las bebidas y más precisamente en el mundo de la cerveza, ya se han dado algunos pasos. El Dr. Müller, de perfil bajo, un desconocido para la mayoría del país; con su obra, por ser la primera y gracias a su enfoque, hizo un invalorable aporte a nuestra cultura.-


Publicado en Semanario Entrega 2000, sección Las Recetas de Marcos Ruella el 9 de octubre de 2015


viernes, 11 de septiembre de 2015

LEONARDO PARDO


PERSONALIDADES




   Esta nueva etiqueta, busca representar los principales actores que en Uruguay, meten mano y hacen su aporte a la gastronomía y sus ciencias afines.  No solo expondré trabajos originales también otros, tomados de la prensa. Comencemos entonces. 
   La siguiente columna, fue publicada en el suplemento Sábado Show del diario El País, en el número 2196 del día 08 de agosto del 2015 


sábado, 12 de abril de 2014

UN PASEO QUE DA GUSTO


Es un foto reportaje a cargo de Yael Ferreira sobre el Mercado Agrícola de Montevideo, para su clase de Fotografía Avanzada y medios gráficos de la carrera de Licenciatura en Comunicación de la Universidad ORT. 






















MERCADO AGRICOLA


   Todo comenzó en un punto de encuentro señalado como “Plaza de las Carretas”, conjunto de predios donados cerca del actual Palacio Legislativo en 1866, donde se comercializaban productos de la granja de zonas aledañas. El desarrollo de ese emprendimiento lleva a pensar en mejorar las instalaciones. En 1903 cinco ciudadanos donan parte de sus fincas en distintos lugares a fin a un Mercado Agrícola. La Junta Económica Administrativa decidió entre las cinco propuestas y en 1905 publica un llamado a concurso para la construcción de un mercado mayorista en la finca regalada por el Sr. Carlos Crocker, hacendado del dpto. de Soriano y miembro fundador de la Asociación Rural del Uruguay.
  La piedra fundamental se coloca en 1906 cuando  se comienza a construir el proyecto de los arquitectos Antonio Vázquez y Silvio Geranio, finalizando las obras en 1912 y habilitación definitiva en 1913. Hubo dos ampliaciones. En 1929 según planos del Arq. Buenaventura Addiego se incorporan cámaras frigoríficas y otros servicios sobre la calle Amezaga. La segunda intervención en 1945 edificó sobre la calle Martin García, bajo la responsabilidad del Arq. Ricardo Fernandez Lapeyrade; esto último se demolió dando lugar en estos días al actual estacionamiento.
   Aquel ímpetu generó apogeo luego todo decayó.  Lo conocí en la década del 90 se confundía en un barrio pauperizado con una oferta pobre aunque subrayo la dignidad de sus comerciantes. Hasta el año 2006, el Gobierno Departamental decidió recuperar el Mercado, como epicentro para el fomento del barrio Goes. Lo logró, fue días pasados cuando se libró una vez más al uso de la población. Con diversas asesorías se restauró el local sin perder su esencia. Debemos tener en cuenta que la estructura de hierro pristina de 5867 metros cuadrados traída de Europa, había servido en Bruselas en exposición ganadera y todo el conjunto desde el año 1999 es Monumento Histórico Nacional.      
   De estacionamiento cómodo en un entorno más amigable se encuentra el comprador con espacios limpios, correcta iluminación y ventilación al resguardo de la atmósfera. El paseo en nueva caminería segura, nos conduce a un viaje único al mejor estilo de similares europeos.
   ¿Alcanzará el brillo de La Boqueria ubicada en Barcelona por citar un similar? El tiempo lo dirá pero este arranque muestra cosas muy interesantes que para alegría del buen comer destaco: - excelente materia, muy variada en cuanto a frutas y verduras, nacionales y extranjeras; muy barato, precios de feria. – tienen buena onda los vendedores. En productos de granja, uno elije lo que precisa, lo pesa y paga en caja. – si bien no abunda la oferta en carnes es suficiente en cuanto a los rubros: una carnicería, una pollería y un puesto de pescados y mariscos. Mercadería expuesta en condiciones óptimas de conservación. Este cronista al visitar la carnicería no tenía los precios a la vista, ¿se podrá solucionar? - ubicación central en la ciudad – cuenta con plaza de comidas muy aceptable. – hay proveedores de pasta, quesos, fiambres, dulces, helados y hasta un expendio de tortas fritas y pasteles hojaldrados. – también otros afines, plásticos, tienda de mascotas y casa de insumos gastronómicos de primer nivel. Solo falta un buen sitio de especies que por cierto Montevideo y el país lo necesitan.
   La restauración está lograda y el objetivo de ser plataforma de acceso a materias primas se logra en favorable relación de calidad a bajo costo. Cuesta creer que algo tan bien hecho por la Intendencia no tenga críticas. Es auspicioso y entiendo todavía ese espacio pueda dar más, bienvenido. Ahora nos vamos a la parrilla:
CHORIZO EN CAMISÓN
Ingredientes: chorizos mezcla, mostaza, mozarella y fetas de panceta.
Preparación: hacer un corte longitudinal a los chorizos sin seccionar totalmente. Untar las caras internas del corte con mostaza y depositar fetas de mozarella. Cerrar el chorizo y envolverlo con fetas de panceta. Asar despacio en la parrilla. Una receta de Locos por el Asado.


Publicado en Semanario Entrega 2000, sección Las Recetas de Marcos Ruella el 19 de julio de 2013.

sábado, 6 de abril de 2013

LA VIEJA PARRA





En cualquier transacción comercial de un inmueble nadie da un cobre por ella, los vendedores la ignoran olímpicamente. En ese negocio tiene importancia la ubicación del bien, la disposición de la casa y sus habitaciones, el barrio, sus accesos, lo tangible. Aunque es una estructura visible, nadie le presta atención.
   Podrá ser un accesorio de costo desechable aunque si la escuchamos con atención mucho nos dice. Hay mil historias, anécdotas, alegrías y tristezas, como aquella vez…
   Cuando las uvas estaban pintonas Jaime mi suegro, un domingo hacía vino y en mi condición de novio ayudaba. Se cortaba la fruta, se pisaba, se pasaba a un tanque de dolmenit y a ojo el dueño de casa le echaba azúcar. La cuba permanecía en un viejo galpón de hormigón, por lo tanto el mosto fermentaba a temperatura inadecuada. A su tiempo se lavaban las botellas, se trasegaba el jugo fermentado, muchos de estos recipientes se exponían al sol. Eso técnicamente ¿era vino? No importa, era natural, no tenía químicos y lo habíamos hecho entre nosotros, claro tenia mil defectos. Eso no era lo peor, invitábamos a los amigos y la cara al primer sorbo lo decía todo. Como fuera estábamos convencidos nuestros caldos eran los mejores y no salían perfectos por no disponer de barricas. Esto duró varios años, seis para ser más exactos hasta que me casé y pegué el grito de Ipiranga. ¿Jaime quiere tomar vino? Pues a partir de ahora lo vamos a comprar. Y así fue, en los almuerzos domingueros la selección quedó a mi cargo. Las botellas, el tanque, los caños quedaron guardados, a veces los encuentro y me da pena desprenderme de ellos.
   Los parrales son los últimos vestigios de otros tiempos. En aquellas viejas casas con amplio terreno donde se encontraban frutales, quinta y gallinero se elaboraba de todo: conservas, salsas y vino. El tiempo pasó, nuestros Viejos se hicieron mayores, al igual que los árboles, los que paulatinamente se cortaron, se faenaron las gallinas y los almácigos fueron tapados por el césped que hoy luce bien cortado. Muchos hijos construyeron en el fondo del fondo, su casa y el espacio se achicó, la parra se salvó. Soportó temporales, como en el 2005, malos podadores que mutilan en el menguante de agosto, hormigas, no requiere riego con que llueva alcanza y no precisa de curaciones.
   En ella mi Suegro colgó una hamaca luego de fabricarla, para mecer a su nieta y de ahí la niña se cayó. Un yeso arregló la pequeña fisura y acá no pasó nada.
   Bajo ella cenamos en verano y en la fiesta de fin año cuando viene toda la familia, hubo además mil reuniones siempre celebrando. Nuestros mayores matearon ahí al descansar después de la jornada laboral; en mi casa paterna se hacía la picada previa al asado dominguero bajo aquel techo de uvas blancas semillona de grano chico, la chinche o frutilla y una moscatel que se vivía apestando. Mi progenitor en su condición de herrero fue comprando en remates, sólidos hierros con el cual armó un parral alto por que así debía ser para un buen desarrollo de las plantas. A diferencia de la casa natal de mi Señora, donde es baja; no importa en las dos y en todas la sombra es impagable. Se disfruta. En el desayuno, leyendo en días de calor o en la siesta del domingo en la hamaca de jardín en seguida de un rico asado.
  Hoy, tengo mucha uva. Los abuelos de mi esposa habrían producido su “vishnik”, esto es introducían granos de uva en una damajuana y le sumaban azúcar, cubrían el pico con gasa y dejaban fermentar; al cabo de unos días filtraban y ese licor se bebía como vino ritual en las grandes celebraciones judías. Ahora mi Señora e Hija hicieron Humentash. Con Hernan cortamos y la regalamos a los vecinos de la cuadra, a los conocidos de toda la vida y a los nuevos; aún así tengo mucha fruta ¿Qué hago con ella? Justo cuando mi Madre me comenta: - no sabes el dulce de uva que hizo Aldo. Aldo Justet es un vecino doloreño, a semejanza de un familiar, el primero en ayudar, presto al mandado, al consejo oportuno, como un boy scout; siempre atento. - ¿Y tenés la receta? le respondo, claro. Aquí expongo la fórmula del amigo:
DULCE DE UVA
Ingredientes: uvas, 700 gramos de azúcar por kilo de hollejo y jugo obtenido de la parte interior de la fruta.
Preparación: se lava la fruta y se separan los granos sacando los hollejos de cada grano, guardándolos. Se hierve la parte interior de la uva hasta que las semillas se separen bien. Se cuela y al jugo se le agregan los hollejos. Se hierven jugo y hollejos hasta que estén tiernos. Se agrega el azúcar y se dejar hervir hasta que quede a punto








viernes, 4 de enero de 2013

UN CACHITO DE DELICIOSA NOSTALGIA

   Hoy, en mi casilla de correo, una bella dama y mejor madre me envió un email con el texto que líneas abajo cuelgo. No sabemos quien lo redactó y seguro tiene mas de 50 años, su ubicación geográfica, menos donde lo publicó como original; con esta salvedad ante la imposibilidad de hacer justicia con el nombre del autor, lo cuelgo en este blog.
   Habla de un tiempo que pasó, de la cocina, de su entorno, de la vida. Esta muy bueno, espero lo disfruten.
   ¿se identifican en algo?


   "No hace tanto tiempo que ......cocinábamos en un primus.
   ¿Cómo te voy a explicar? Un primus era como una cocina chiquita que se prendía con un fósforo. No. Era como una garrafita que... no, tampoco... ¿cómo te explico?...tenía tres patas ¿no?... un depósito... un depósito que siempre brillaba.
   Te lo juro, ni en la casa más humilde los primus dejaban de brillar. Los hacíamos brillar a Brasso partido. Pero por las dudas, empecemos por el principio: ¡Atenti! No te estoy diciendo que fuera más rápido, más limpio, ni más seguro que un microondas.
   Es más... tampoco tenés que interpretar que te estoy diciendo que todo tiempo pasado fue mejor, ni trato de venderte un tranvía. Lo que te digo es que cuando me acuerdo del primus me viene como una cosquilla en la barriga. Porque tu vinculación con el microondas comienza un segundo antes de empezar a cocinar y termina un segundo después del sonido de la campanita. En todo caso tu vinculación sigue un poco más si te quedan cuotas para pagar.
   Con el primus la historia arrancaba cuando lo levantábamos y lo sacudíamos para saber cuanto combustible le quedaba.
--¡Está casi vacío mamá! Apenas se escucha un ruidito.
   Precisábamos por lo menos media hora más porque teníamos que buscar la botella de vidrio que papá guardaba lejos de las otras botellas para evitar la confusión, la libreta, el trompo y las bolitas -por las dudas-, el bolso y recién después emprendíamos el largo viaje hasta el lejano almacén de la esquina.
   A vos por ejemplo, nunca te ví yendo al Súper a comprar kilovatios para el microondas. Camino al almacén era imposible saltearse la esquina donde los gurises jugaban un picado. Así que el bolso quedaba esperando sin muchos nervios paradito atrás de un arco, de un árbol, a resguardo de algún patadura. Un tiro libre, una atajada, un pase de gol y al almacén, donde Don Luis nos preguntaba por mamá, por papá, por el abuelo que hacía seis días que no veía y nos recordaba los dos goles de Spencer del domingo.
--Dos-go-la-zos-decía, como si Solé se los hubiera mostrado por televisión, y nos cargaba de cuentos, de saludos y de querosene que sacaba de un tanque con canilla. Se limpiaba con una estopa, un trapo, un papel de astraza (en ese orden) manoteaba un par de caramelos de los bollones de vidrio.
--¿De cuál querés la yapa?
--De los envueltos, Don Luis, de los que tienen papelitos.
   A la vuelta perdíamos alguna bolita o hacíamos zumbar un trompo y llegábamos justo cuando mamá salía a ver qué pasaba que demorábamos tanto.
--Estaba lleno, mamá.
--¿Y por qué estás transpirando?
--Porque vine corriendo para no demorarme.
¡Y prenderlo! ¡Prender el primus! ¡Todo un ritual!
Ponerlo en el fogón después de cargarlo y descubrir que...
--Mamá, no encuentro los fósforos.
--Pedile a Doña Luisa; que si volvés al almacén cocino de tarde. Pará...llevale esta rosca, decile que la hice en el horno a leña.
Y otra conversación que generaba el primus.
--Doña Luisa, dice mamá si no le presta una caja de fósforos que se la devuelve más tarde.
--¿Cómo está tu hermano? ¿Se le pasó la fiebre? Llevale a tu madre esta manzanilla y para vos tengo una revista de Tarzán. Andá que te está llamando.
   Después...ponerle alcohol con la alcuza y con cuidado, justo hasta el borde para que no se derramara ni una sola gota porque era peligroso que se prendiera fuego. !Qué extraño! No nos dejaban tocar nada que tuviera un cable pero nos mandaban a prender el primus.
   Lo que todavía no consigo entender es cómo era que poníamos más alcohol del que cabía. Si mirábamos el nivel de líquido azul siempre parecía que estaba a punto de volcarse. ¡Prenderlo y esperar a que se consumiera! Distraerse haciendo algo pero no mucho, como los malabaristas chinos de los circos que esperan hasta último momento que el plato deje de girar y justito, justito, cuando parece que se va a caer, cuando parece que se va a apagar ...cerrar la válvula y darle bomba. Teníamos un reloj interior que nos avisaba en qué momento teníamos que hacerlo. Y le dábamos bomba.
   ¿Bomba? Tenías que ... eeeh...te explico...con la mano izquierda lo sostenías para que no se moviera, con la derecha agarrabas la varilla de la bomba entre los dedos índice y mayor y lo impulsabas con el pulgar. Una, dos, tres veces hasta que la presión era suficiente para que roncara con fuerza y apareciera esa llama poderosa capaz de hacer un guiso calentando de afuera hacia adentro, que era la única manera de calentar las cosas en esos tiempos.
   Al costado descansaba la caja de fósforos Victoria que abríamos tirando de una orejita de cartón, levantábamos una tapita y ahí aparecían los pequeños fósforos con polleras de papel encerado que hacíamos bailar cabeza con cabeza. Mi padre la convertiría después en la más masculina lima de uñas. Junto a ella, como tres flaquísimos soldados, en un sobrecito de papel azul aguardaban alertas las agujas de lata, por si se tapaba algún oído.
   Cada tanto había que darle bomba para que no se achicara la llama y cuando se terminaba de cocinar lo apagábamos en el patio abriéndole la válvula para que en la casa sólo quedara olor a comida.
--Si sobró algo de puchero voy por ahí-- decía en broma el vecino del fondo cuando nos veía apagarlo.
--¿Cómo te fue con el mapa que te ayudé a hacer?--Me saqué un sote Don Julio.
--Nos sacamos un sote-- decía el vecino y seguía regando las tomateras.
   Sí... tal vez nos sobraba el tiempo y no sabíamos qué hacer con él.
   Lo más probable es que hoy se cocine más limpio, más seguro y más rápido. Lo más probable es que hoy la vida sea más limpia, más segura y más rápida. Pero... lo que te puedo asegurar es que entre el primus y el microondas había por lo menos tres conversaciones, un mapa, un par de goles, una revista de Tarzán, un fiado, una manzanilla, dos caramelos,una rosca casera y todo un barrio de diferencia.
¡Se me durmió en el sillón! ¡Qué raro, dormirse cuando le estoy contando estos cuentos tan interesantes"



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