lunes, 11 de marzo de 2024

 


A USTED:

 

   Estimado y afamado cocinero/a devenido en conductor de programa de televisión:

Con puntualidad suiza y fanatismo argentino asisto en primera fila a su programa; ya quisiera el padre Antonio la misma periodicidad para con mis deberes religiosos. Una aplicación que no tuve en mis estudios de grado copio sus recetas, presto atención a sus consejos, guardo de vuestra web mayor información y he comprado, en la medida de mis posibilidades, los libros de su auditoría. Mi afán, llega al punto de encargar a mis amigos la grabación en dvd de aquellos capítulos, escasos por otra parte, a los cuales no puedo acudir. Desde ya debo agradecerle algo, mi entusiasmo hacia sus episodios me libran de la tortura de observar a once pata duras enfundados en la otrora gloriosa celeste; le debo ese favor. 

   Va por delante mi reconocimiento a su buen hacer en los fogones, su maestría en el manejo de técnicas y productos. Si eso fuera poco se le suma la cuidada estética complementando los platos con datos históricos interesantes. Aunque claro a veces suena tedioso y tiene cierta tendencia a caer en el uso excesivo de adjetivos. En confianza permítame presentarle algunas cuestiones, por eso:      

   Usted para cocinar una fórmula utiliza varios ingredientes y todos están limpios, pesados, contados, hidratados, cortados, rebanados, de manera prolija y uniforme.

   Usted que hace un postre utilizando dos tipos diferentes de merengue, bate y hornea un bizcochuelo, monta una crema chantilly, templa el chocolate y arma un enrulado,  confita la fruta, en un tiempo de veinte minutos decorando de manera simétrica con una crema en un acabado perfecto. Todo esto sin ensuciar en lo más mínimo su inmaculado peto.

   Usted que cuando le publican su receta en la web del canal uno descubre que las cantidades no son precisas, sobran ingredientes, hay faltas de ortografía, el procedimiento no es claro y le abrevian las explicaciones más importantes que justo recalcó como fundamentales

  Usted que guarda en la heladera salmón chileno, lomo vacuno, queso parmesano italiano, crema de leche de cabra, langosta y trucha de un criadero de la Patagonia, ah y esturión del lago de Baygorria. En el armario guarda fideos, tomates desecados y hongos italianos, azafrán griego, pimientos choriceros y arroz Calasparra español. Para más gloria, luce en la mesada una hermosa pata de jamón de Jabugo y su correspondiente cuchillo toledano.  

   Usted que en la despensa guarda variados morrones mexicanos, papas peruanas, rúcula recién cortada y un cuenco reboza de romero, perejil, cilantro, albahaca, menta y tomillo y ¡no se le secan!

   Usted que frita en dos litros de aceite de oliva extra virgen dos filetitos de morondanga y luego desecha esa grasa porque en el fondo se decantaron algunas migas del rebozado.

   Usted que gasta dos rollos de papel para limpiar las manchas de sangre del corte de carne o se vale de blancos repasadores al momento de pelar las remolachas; al respecto en mi casa tengo dos con manchas rebeldes y ni el jabón más agresivo pudo con ellas. 

   Usted que desgrasa los fondos de cocción con un vino tinto reserva denominación de origen controlada que sale en mostrador más de $ 700 pesos o con un linajudo champagne elabora una salsa de la cual solo tomará seis gotas y las depositará de manera concéntrica en torno al sangrante filete cárnico.

    Usted que dispone de un surtido de aparatos eléctricos de diseño italiano, ollas y cubertería francesa, copas Riedel, más chiquicientos instrumentos extraños es seguro, en su casa también los dispone.

   Usted, ¿me puede decir como hace?

   Su seguro servidor, Marcos Ruella.

 

 

 

Columna emitida en el programa Abrazo País, CX 4 Radio Rural, el 28 de octubre de 2023.

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